Aprender, desaprender, reaprender

“Somos una generación de transición entre dos eras“, según el periodista y conferenciante Borja Vilaseca. Estamos viviendo el final de un modelo social, económico y tecnológico y adentrándonos en otro totalmente diferente. 

Ante este cambio de era, incierto, “vamos a tener que desaprender lo viejo para aprender lo nuevo“; es decir olvidar las actuales maneras de trabajar y entender el mundo y su funcionamiento y adquirir otras, diferentes, para afrontar el nuevo modelo. Desaprender lo aprendido y volver a aprender… “Y quien no lo haga se quedará obsoleto”, afirma.

¿Qué nos espera con el nuevo modelo?

Con la automatización y la inteligencia artificial, desaparecerán profesiones y puestos de trabajo.  También nacerán ocupaciones nuevas. Concretamente, se destruirán 75 millones y se crearán 133 millones de empleos hasta el año 2022, según el Foro Económico Mundial. Otro estudio, de la OCDE, indica que cerca del 22% de los puestos de trabajo están en riesgo por la automatización en España. De hecho, ya estamos viendo cambios en algunos supermercados, establecimientos de comida rápida y gasolineras, donde las máquinas o las pantallas táctiles están sustituyendo a las personas. Según Vilaseca, la destrucción de empleo afectará especialmente a los trabajos más mecánicos y rutinarios. Tendremos lo que llama el “desempleo tecnológico“. 

AÑO 2022. FUENTE: FORO ECONÓMICO MUNDIAL.

El periodista también apunta que el 90% de lo que se producirá será intangible, digital. “Vamos hacia un mundo postmaterial“, asegura. El papel moneda desaparecerá y el dinero será 100% electrónico. Nos vamos a tener que acostumbrar a las criptomonedas, al blockchain, los robots, la impresión en 3D, al llamado Internet of the Things…

Y la llegada de las innovaciones tecnológicas seguirá un crecimiento exponencial, en vez de lineal. Para explicar este concepto, Vilaseca utiliza la metáfora del bambú japonés; durante los primeros siete años, la planta no crece (al menos, hacia arriba, ya que sí que se desarrollan sus raíces) y de repente, en seis semanas, puede alcanzar más de treinta metros. Ese crecimiento multiplicativo es el que nos encontraremos con el nuevo modelo. 

Una vez plantamos la semilla, el bambú japonés no crece hasta que pasan siete años. De repente, en seis semanas, puede llegar a crecer más de treinta metros. FOTO: KAZUEND. UNSPLASH.
El bambú japonés no crece hasta que pasan siete años desde que se plantó la semilla. De repente, en seis semanas, puede llegar a crecer más de treinta metros. FOTO: KAZUEND. UNSPLASH.

Otro de los cambios que puede comportar el nuevo modelo es la imposibilidad de mantener el Estado de bienestar. Según Vilaseca, no se podrán pagar las pensiones y el número actual de funcionarios y organismos públicos será insostenible. 

Habrá más incertidumbre, inestabilidad y desigualdad entre regiones. Estamos ante las puertas de la Cuarta Revolución Industrial y, según las previsiones del economista Santiago Niño Becerra, entre los años 2020 y 2026 es cuando se va a producir la mayor transformación del sistema. Así que lo mejor es que, si es así, estemos preparados.

¿Cómo nos preparamos?

Borja Vilaseca asegura que el paso de un modelo a otro “no hay quien lo pare”, por lo que, ante todo, tenemos que aceptar el cambio. Cree que la tecnología debería ser nuestra aliada y recomienda abrazar la incertidumbre, formarse e invertir en uno mismo, adoptar una actitud emprendedora centrada en resolver problemas, cultivar la inteligencia emocional y financiera, desarrollar la creatividad y la marca personal y emanciparse de ‘papá Estado’. Pero sobre todo, lo que considera fundamental es cuestionarse todo. Incluso lo que él dice. “No os creáis nada”, afirma. Recuerda, además, que “el peor enemigo del sistema es aquel que no tiene nada que perder”.

FOTO PORTADA: TIM MOSSHOLDER. UNSPLASH.

3 comentarios sobre “Aprender, desaprender, reaprender

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  1. Podría darse la paradoja de que la tecnología nos salvase de la propia tecnología al crear una realidad intangible que el ser humano no puede asir, manejar o apropiarse, sino con la abstracción de todo lo conocido hasta el momento. Algo parecido a lo que hace el sueño con nuestros imposibles, un efecto boomerang de la avidez por poseer, adquirir o externalizar nuestras demandas internas que nos devuelva a la necesidad de entender y, por qué no, sentir lo que entendemos como sustitutivo de aquello que no podemos “palpar”. Veremos.

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